¡Qué pura y sostenida es esta luz

de los árboles radiantes en otoño,

ignorantes del tenaz paso del tiempo,

caminando hacia el último rescoldo!

 

Conmueve su espontánea armonía

que asciende generosa por las ramas

y muestra el oro vivo de sus hojas,

en brava lucha con los verdes todavía.

 

De esta ardiente guerra ya perdida,

brotan llamas en violeta y bronce,

y por sus ramas se va transparentando

el oro que envejece con dulzura.

 

¡Cuántos ojos perderán esta belleza,

esta clara exhuberancia contenida

que inconsciente y generosa se regala,

dibujada por su clara arquitectura!

 

¡Cuánto cielo sustraído a nuestras almas

cuánta gracia natural que se diluye,

en la leve cadencia de los días…!

 

Conserva tenazmente la esperanza

de la luz en apariencia ya vencida,

su elegancia serena y contenida

nos conecta con el sueño de la vida.

 

Si a tu paso sorprendes la caída

de las hojas seducidas por el viento,

ve despacio y asiste reverente

a este baile tardío con el tiempo.

 

Contempla agradecido sus raíces,

el suelo que es tu casa compartida,

agradece la presencia concedida

y mira si es amor lo que declara.

 

No olvides que entre árboles es posible

el don de la belleza más sincera,

el vínculo de almas que comparten

la alquimia de un mundo algo más noble.

 

(© Montse Montano)

ÁrbolesOtoño

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