Tendida boca arriba en la esterilla, concentrada en mi cuerpo, poco a poco voy relajándome, encontrando un espacio tranquilo en mi interior. Estoy en la respiración, relajada pero consciente y conectada. Me abro y me entrego a la música, al sonido y al canto.

Permanezco un poco a la espera, a la expectativa de lo que pueda suceder.

Un itinerario.

Veo a mi padre, mi padre con algo más de treinta años, tal como aparece en una fotografía antigua, donde también está mi madre. Mi padre. Mi padre. Agradezco su presencia, honro su recuerdo y siento y agradezco todo el amor que me dio. Mi padre. Su imagen sigue apareciendo en la pantalla tranquila y virgen de mi mente. Ahora veo a mi madre, con el mismo aspecto de la fotografía, joven y guapa. Veo también a mi abuela. Mi familia, mis raíces, mi origen. No sé lo que significa, sólo lo acepto complacida. Mis padres vienen a mí y yo les recibo, tranquila, feliz, y permanezco perfecta en el amor que me dieron y en el que he aprendido a vivir.

Mis padres flotan y me llevan a un escenario, como si me guiaran. Está oscuro, es de noche. Hay una playa y escucho el rumor del viento y de las olas. Yo pertenezco a este lugar. Veo a algunas personas, gente de tez oscura. Luego veo que sus rasgos son orientales. Avanzo hacia el interior, donde hay un asentamiento, un pueblo antiguo. Soy una mujer. Estoy vinculada con un personaje importante, el jefe de este pueblo. Soy una de sus esposas. Por lo que veo, una de sus favoritas. Es un hombre poderoso y bueno. Soy una esposa querida. Estoy en una tienda, el lugar donde vivo. Es grande y lujosa, llena de pieles y objetos artísticos. Él me ha colmado de joyas artesanas, doradas. Siento que le hago feliz. Soy fértil. Estoy pariendo un hijo. Le he dado varios hijos y nuestros hijos también son felices. El itinerario continua. Nuestro pueblo avanza por un camino, avanzamos durante mucho tiempo y mucha distancia. Sigue siendo de noche. El camino no está demasiado claro, sólo el hecho del viaje constante. Ahora estamos entrando en una especie de cueva o gruta. Avanzamos hasta llegar a un espacio interno y amplio, donde sé que mi pareja va a celebrar un ritual. Es un ritual comunitario, donde todos participamos. Yo voy engalanada con piezas doradas y siento mi felicidad y la de mi pueblo. Ahora estoy en el exterior y veo la luna. La luna ilumina el itinerario, que continúa. Luego es de día, luce el sol y contemplo un monumento, como una columna policromada con un significado espiritual o religioso.

Estoy en el bosque. Veo árboles. Estoy al pie del árbol. Estoy al pie del árbol. Este pensamiento me viene una y otra vez y lo repito. Y siento que estoy realmente al pie, que soy la raíz de este árbol. La sensación se intensifica y veo el diámetro del árbol y sus anillos concéntricos donde yo estoy y soy. Estoy en la raíz. Estoy en la raíz. Estoy en la raíz del árbol. Permanezco y soy. De repente me encuentro en la copa del árbol y el pensamiento se repite. Soy la copa del árbol. Soy la copa del árbol. Soy la copa del árbol. Soy las ramas que se agitan con el viento y veo las otras ramas de los otros árboles y siento una plenitud. Veo gente pasar por el camino, les veo desde esta altura. Siento que soy ramas del árbol. Soy las ramas. Soy las ramas. Ahora soy un árbol. Soy un árbol antiguo, ya estoy hueco, pero todavía tengo sentido y permanezco en mi corteza. Me siento toda árbol, todo mi cuerpo, que está tendido en la sala, es a la vez árbol, corteza ya hueca. Veo algún caminante solitario. Veo otros árboles, muy altos, una gran comunidad de altos árboles en los que yo estoy inmersa. Y ahora camino y me pregunto si es que me he encarnado en un ser humano.

Acaba el concierto, regreso de otro tiempo, de otro lugar y la pregunta desciende al plano habitual, donde las palabras quitan energía a los estados del ser.

Permanezco en mi interior y el itinerario continúa.

Árboles

(Concierto de cuencos de cuarzo realizado en el Centro Yin y Yang de Pilar Mansilla, a cargo del músico Manuel Emilio Santamarta)

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