Saber diferenciar entre un pensamiento noble, bello o importante que nos gusta y un pensamiento que es verdaderamente nuestro, que nos concierne.

Un pensamiento nuestro obra cambios, por pequeños que sean, en nosotros. Nos transforma y nos construye. Lleva el sello y el sentimiento de nuestra vida. Un pensamiento sólo se transforma en conocimiento cuando se encarna en nosotros.

Muchos pensamientos que nos gustan y nos complacen, pero que no son nuestros, nos convierten en espectadores pasivos, pudiéndonos crear el espejismo de que nos pertenecen, cuando en realidad pertenecen a otros. Este espejismo, este uso consolador de las grandes verdades, puede mantenernos sutilmente alejados de la verdad que nos hace crecer, desvinculándonos de lo práctico y lo real.

Un pensamiento nuestro, verdaderamente nutrido por la esencia del ser, nos centra, restituye nuestro poder y nos convierte en protagonistas de nuestras vidas.

Seamos generosos con lo que es nuestro y con lo que es de los demás. Aceptemos lo que de verdad nos corresponde porque es lo único que realmente merece la pena vivir. Lo reconoceremos en nuestro corazón cuando vibra potente como pureza, entrega y unión.

(© Montse Montano)

CorazónLuz

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