Soria

“He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria -barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra-.

Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!”

(“Campos de Castilla”, Antonio Machado)

 

AlamosSoria.jpg(© Foto Santiago Torres)

Este paisaje grandioso es la recapitulación del alma de la ciudad. Soria, castellana y sobria, va destilando su espíritu en las iglesias, los monasterios, los monumentos de piedra dulce, sólida, antigua, hasta desembocar en el ancho Duero. De sus riberas y entre ermitas, se alzan los álamos eternamente renovados, de hojas verdes, amarillas, blancas, casi oro, casi plata; plenos de luz, expresan su trascendencia hermanando al hombre con el mundo natural. Quedamos a través de esta belleza expuestos ante el misterio. Duero, guardián del tiempo, profundo espejo en cuyas aguas se mece el alma de Soria.

(Montserrat Montano, 22 de octubre de 2017)

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Una sesión de cuencos

Tendida boca arriba en la esterilla, concentrada en mi cuerpo, poco a poco voy relajándome, encontrando un espacio tranquilo en mi interior. Estoy en la respiración, relajada pero consciente y conectada. Me abro y me entrego a la música, al sonido y al canto.

Permanezco un poco a la espera, a la expectativa de lo que pueda suceder.

Un itinerario.

Veo a mi padre, mi padre con algo más de treinta años, tal como aparece en una fotografía antigua, donde también está mi madre. Mi padre. Mi padre. Agradezco su presencia, honro su recuerdo y siento y agradezco todo el amor que me dio. Mi padre. Su imagen sigue apareciendo en la pantalla tranquila y virgen de mi mente. Ahora veo a mi madre, con el mismo aspecto de la fotografía, joven y guapa. Veo también a mi abuela. Mi familia, mis raíces, mi origen. No sé lo que significa, sólo lo acepto complacida. Mis padres vienen a mí y yo les recibo, tranquila, feliz, y permanezco perfecta en el amor que me dieron y en el que he aprendido a vivir.

Mis padres flotan y me llevan a un escenario, como si me guiaran. Está oscuro, es de noche. Hay una playa y escucho el rumor del viento y de las olas. Yo pertenezco a este lugar. Veo a algunas personas, gente de tez oscura. Luego veo que sus rasgos son orientales. Avanzo hacia el interior, donde hay un asentamiento, un pueblo antiguo. Soy una mujer. Estoy vinculada con un personaje importante, el jefe de este pueblo. Soy una de sus esposas. Por lo que veo, una de sus favoritas. Es un hombre poderoso y bueno. Soy una esposa querida. Estoy en una tienda, el lugar donde vivo. Es grande y lujosa, llena de pieles y objetos artísticos. Él me ha colmado de joyas artesanas, doradas. Siento que le hago feliz. Soy fértil. Estoy pariendo un hijo. Le he dado varios hijos y nuestros hijos también son felices. El itinerario continua. Nuestro pueblo avanza por un camino, avanzamos durante mucho tiempo y mucha distancia. Sigue siendo de noche. El camino no está demasiado claro, sólo el hecho del viaje constante. Ahora estamos entrando en una especie de cueva o gruta. Avanzamos hasta llegar a un espacio interno y amplio, donde sé que mi pareja va a celebrar un ritual. Es un ritual comunitario, donde todos participamos. Yo voy engalanada con piezas doradas y siento mi felicidad y la de mi pueblo. Ahora estoy en el exterior y veo la luna. La luna ilumina el itinerario, que continúa. Luego es de día, luce el sol y contemplo un monumento, como una columna policromada con un significado espiritual o religioso.

Estoy en el bosque. Veo árboles. Estoy al pie del árbol. Estoy al pie del árbol. Este pensamiento me viene una y otra vez y lo repito. Y siento que estoy realmente al pie, que soy la raíz de este árbol. La sensación se intensifica y veo el diámetro del árbol y sus anillos concéntricos donde yo estoy y soy. Estoy en la raíz. Estoy en la raíz. Estoy en la raíz del árbol. Permanezco y soy. De repente me encuentro en la copa del árbol y el pensamiento se repite. Soy la copa del árbol. Soy la copa del árbol. Soy la copa del árbol. Soy las ramas que se agitan con el viento y veo las otras ramas de los otros árboles y siento una plenitud. Veo gente pasar por el camino, les veo desde esta altura. Siento que soy ramas del árbol. Soy las ramas. Soy las ramas. Ahora soy un árbol. Soy un árbol antiguo, ya estoy hueco, pero todavía tengo sentido y permanezco en mi corteza. Me siento toda árbol, todo mi cuerpo, que está tendido en la sala, es a la vez árbol, corteza ya hueca. Veo algún caminante solitario. Veo otros árboles, muy altos, una gran comunidad de altos árboles en los que yo estoy inmersa. Y ahora camino y me pregunto si es que me he encarnado en un ser humano.

Acaba el concierto, regreso de otro tiempo, de otro lugar y la pregunta desciende al plano habitual, donde las palabras quitan energía a los estados del ser.

Permanezco en mi interior y el itinerario continúa.

Árboles

(Concierto de cuencos de cuarzo realizado en el Centro Yin y Yang de Pilar Mansilla, a cargo del músico Manuel Emilio Santamarta)

Lluvia

Miro desde la ventana

una vida compartida contigo

bajo la lluvia.

 

El cielo, encerrado en gris,

viaja infinitamente a través de la tarde.

 

Palabras de amor y agua

van de mi boca a tu boca

a través de árboles airados,

como húmedo terciopelo.

 

Me asomo a la tibieza

de esta tensa verticalidad,

esta cortina de plata

que separa nuestro mundo del otro

y nos lava a ritmo de silencio.

 

(© Montse Montano)

Y una tercera frase…

He sido retada por Marina (https://cuidarconcuidado.wordpress.com) para publicar tres frases durante tres días, ampliando este reto a tres personas más, personas que a su vez tengan un blog… Finalizo el reto, siempre con la esperanza de que frases verdaderas e inspiradoras toquen nuestro corazón y estimulen nuestra mente. Agradezco las contribuciones animosas de todos cuantos aporten frases importantes para ellos.

Mi tercera frase es:

“Reunid todo el ánimo que podáis. Que no hay noche tan larga que no acabe en día”

William Shakespeare (“Macbeth”)

Las normas del reto son:

1. Publicar una frase cada día durante tres días, puede ser de un libro, una película, una canción, etc.
2. Nominar a tres blogueros en cada post para retarlos.

Los tres blogueros gentilmente invitados son:

Otra frase

He sido retada por Marina (https://cuidarconcuidado.wordpress.com) para publicar tres frases durante tres días, ampliando este reto a tres personas más. Tal vez debería especificar tres personas que a su vez tengan blog… Continuo con el reto y con la esperanza de que frases verdaderas e inspiradoras toquen nuestro corazón y estimulen nuestra mente. Agradezco las contribuciones animosas de todos cuantos aporten frases importantes para ellos.

Mi segunda frase es:

“Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.”

Jorge Luis Borges

Las normas del reto son:

1. Publicar una frase cada día durante tres días, puede ser de un libro, una película, una canción, etc.
2. Nominar a tres blogueros en cada post para retarlos.

Los tres blogueros gentilmente invitados son:

Una frase

He sido retada por Marina para publicar tres frases durante tres días, ampliando este reto a tres personas más. Con la esperanza de que frases verdaderas e inspiradoras toquen nuestro corazón y estimulen nuestra mente, acepto la propuesta.

Mi primera frase es:

“De toda la memoria sólo vale el don preclaro de evocar los sueños”

Antonio Machado

Las normas del reto son:

1. Publicar una frase cada día durante tres días, puede ser de un libro, una película, una canción, etc.
2. Nominar a tres blogueros en cada post para retarlos.
Los tres blogueros gentilmente invitados son:

Pensamiento y conocimiento

Saber diferenciar entre un pensamiento noble, bello o importante que nos gusta y un pensamiento que es verdaderamente nuestro, que nos concierne.

Un pensamiento nuestro obra cambios, por pequeños que sean, en nosotros. Nos transforma y nos construye. Lleva el sello y el sentimiento de nuestra vida. Un pensamiento sólo se transforma en conocimiento cuando se encarna en nosotros.

Muchos pensamientos que nos gustan y nos complacen, pero que no son nuestros, nos convierten en espectadores pasivos, pudiéndonos crear el espejismo de que nos pertenecen, cuando en realidad pertenecen a otros. Este espejismo, este uso consolador de las grandes verdades, puede mantenernos sutilmente alejados de la verdad que nos hace crecer, desvinculándonos de lo práctico y lo real.

Un pensamiento nuestro, verdaderamente nutrido por la esencia del ser, nos centra, restituye nuestro poder y nos convierte en protagonistas de nuestras vidas.

Seamos generosos con lo que es nuestro y con lo que es de los demás. Aceptemos lo que de verdad nos corresponde porque es lo único que realmente merece la pena vivir. Lo reconoceremos en nuestro corazón cuando vibra potente como pureza, entrega y unión.

(© Montse Montano)

CorazónLuz

Aranjuez

Hay en Aranjuez dos paisajes distintos que dibujan vivamente la intensidad del momento y del recuerdo. El paisaje del hombre y el paisaje de la naturaleza. Ambos compiten, en delicado y potente intento por expresar acertadamente el alma de este sitio, real por historia, cierto y verdadero por la tierra, los árboles, el río y el cielo.

Los palacios recogen íntimos amarillos, granas, verdes y azules, geometrías de mármol y papel, caprichos orientales, cuadros saturados de penumbra. Estancias quietas que se suman unas a otras en ordenado laberinto donde la belleza, en forma de relojes encantados, mide un tiempo detenido y eterno.

Un frío que desdice la luz arrebatada y azul de los jardines, que se cuela por los listados de las persianas de madera y sonríe desde el horizonte. Las palabras se han dormido en los tapices grandes y desvaídos, los que un día abrigaron y sonrieron en algunos salones. Los muebles, con su delicada hermosura, son ahora la sombra cálida que han dejado los que aquí vivieron. Los visitantes beben a susurros la belleza silenciosa de este aire sostenido.

Seda, caoba, terciopelo y palisandro, papel pintado, mármol que alfombra nuestros pies, que no se cansan, y no nos importaría por un tiempo vivir en este escenario encantado.

Bajo el cielo, un guardián recio muestra su orgullo, el alma bien asentada asomando a la expresión calma y abierta. Oteador de parques y fuentes, plantas, agua, piedras y plazas de galerías porticadas.

Avanzando por los paseos, entre árboles altos, muy antiguos, una geometría natural erige arcos sobre nosotros. El Tajo se duerme a nuestros pies y guarda bajo sus aguas tesoros infinitamente más grandes que los que hemos visto hasta ahora. Cielo, luz y tiempo viven bajo la piel transparente de sus aguas.

Entramos y salimos por infinitas puertas al corazón intemporal de Aranjuez.

Aranjuez

(© Fotografía de Santiago Torres)

Luz del solsticio

Camino del solsticio, del sol inmóvil, detenido, eterno. Coincidiendo con el progresivo acortamiento de los días, a finales de otoño y principios de invierno, entrando ya en el Adviento de los cristianos, en este tiempo latente, empiezan a encenderse otras luces.
Guirnaldas, velas o sencillamente resplandor de las casas, desde las ventanas de pueblos y ciudades. Expresiones de ritos invernales o formas de estar reunidos con nosotros mismos o con los otros, en el hogar.
El 13 de diciembre, Santa Lucía, se celebra una fiesta de la luz. En Suecia, un grupo de jóvenes muchachas desfilan con una corona de adviento sobre sus cabezas, portando velas encendidas iluminando la oscuridad de la noche y las iglesias.
Este día marca el inicio de la preparación de las fiestas invernales, más conocidas como fiestas de Navidad, pero que engloban muchas otras celebraciones especiales, cada una con su historia y su significación particular. Las muy antiguas fiestas del solsticio invernal, la fiesta conmemorativa del nacimiento de Jesús (el Cristo, llave también de la transformación interior), el recuerdo de los Santos Inocentes, las fiestas de fin de año, la adoración de los Reyes Magos (fiesta de los dones, regalos, la sabiduría y el conocimiento). Muchas fiestas que solicitan una gran preparación en una, que empieza, necesariamente, en el interior.
Las velas, tan propias de esta época, simbolizan la relación entre el espíritu y la materia, que se funde y se transforma gracias a su acción. La llama es la expresión de las fuerzas espirituales de la naturaleza y de la potencia creadora de los seres celestiales. Es el amor divino y el humano, la purificación y la trascendencia. Es el alma y la iluminación interna. Y también el fuego sagrado común a todas las expresiones religiosas y la representación tal vez más cercana a lo que el hombre intuye y siente como Dios, sea cual sea su doctrina o camino espiritual. En la antigüedad, la iglesia cristiana sugería a sus fieles encender velas en Navidad y colocarlas en las ventanas con el fin de guiar al espíritu de Cristo a través de la oscuridad.
La luz del fuego, sus llamas y su cadencia, simbolizan la acción fecundante y regeneradora que sustenta nuestra vida y su discurrir, pasando de la destrucción a la creación, en un bucle indestructible de fecundidad.
Las luces de navidad son un recuerdo y una llamada a estos significados reales y sagrados. Toda luz en invierno es una petición de regreso al Sol divino que retornará en la próxima estación. Cirios encendidos, velas llameantes, coronas de luz y fuego, creación de ámbitos cálidos y misteriosos, verdaderos hogares donde confiar nuestras intenciones con la ilusión de que puedan convertirse tal vez en alguna esperanza.
Todo esto es posible con un destello de buena voluntad, con una intención de valentía y de belleza. Es un gesto que ya esbozaron espíritus sensibles y fuertes antes que nosotros y que sigue obrando para nuestra alegría. Artistas, pensadores, músicos, artesanos, místicos, creadores, servidores, gente con vocación por la vida, luz del mundo, personas que no se avergonzaban al hablar de felicidad.
Que esta luz de buena voluntad se encienda en nuestro interior y nos permita encontrar sentido y gracia a estas pequeñas y constantes luces de Navidad.

(© Montse Montano)

Linterna

Detalle de “Luz del mundo”, de William Holman Hurt